La Traducción Literaria


1. Introducción



Desde tiempos inmemoriales, y sobre todo desde el origen de las lenguas vernáculas, la traducción ha sido necesaria para una mejor interrelación entre los pueblos de un continente como es Europa, que posee una riqueza y fortuna inigualables en lo que a variedad y diversidad de lenguas se refiere.
Ya en la vida cotidiana, la traducción –aunque no la escrita, sí la oral, a la que también podemos llamar interpretación– fue necesaria para la proliferación del mercado en países extranjeros. Además, el trabajo hecho por los traductores, sobre todo, en la Edad Media, fue el semillero mediante el cual proliferaría la normalización de las lenguas romances y otras de origen germánico
Así, uno de los ámbitos en los que más han trabajado los traductores a lo largo de la historia, es en la traducción de producciones literarias como cuentos, novelas y poesía. A diferencia de hoy en día, donde sobre todo se traducen textos pragmáticos de simples recursos lingüísticos, en épocas como el Renacentismo la disciplina de la traducción se centró en recuperar textos clásicos de alto valor cultural a idiomas modernos como el castellano, el italiano o el francés. La traducción literaria supone un conocimiento de la lengua a la que se traduce óptimo en todos los sentidos (léxico, gramático. sintáctico y sobre todo pragmático), más que cualquier otro tipo de traducción.
Por todo esto, podríamos destacar la relevancia de la traducción literaria como herramienta indispensable para el desarrollo de las lenguas, que son la base cultural de los diferentes pueblos y naciones.
En estas líneas, pues, haremos una breve cronología de las etapas de la traducción literaria a lo largo de la historia, explicaremos todo lo referente a la teoría de la traducción y traductología, expondremos algunos ejemplos explicativos prácticos con valor didáctico que nosotros mismos haremos y algunas cosas de menor relevancia que aclararan algunas cosas con respecto al tema que estamos tratando.


2. Historia



Al repasar la ya larga historia de la traducción (o más bien el mosaico variopinto de estudios históricos parciales, porque historia como tal aún no se ha escrito ninguna), uno no puede más que pensar que se nos está ofreciendo una imagen distorsionada del panorama traductor. Y no porque haya voluntad expresa de hacerla, sino porque aún estamos lejos de disponer de una visión global y globalizadora de lo que ha sido la actividad traductora a lo largo de sus 4.500 años de historia.
Como bien hemos dicho anteriormente, la transmisión cultural de los pueblos del mundo ha dependido en gran medida de las traducciones que se han hecho de unas lenguas a otras. A lo largo de la historia de la traducción ha habido diferentes etapas en las que los traductores han utilizado diferentes cánones de traducción y se han interesado en tipos de textos concretos y diferentes al de otras épocas.
Desde la rica producción literaria del pueblo sumerio, que se traduciría luego más tarde al acadio, hasta las traducciones a más de 65 idiomas de best-sellers como Harry Potter. He aquí una clasificación de las diferentes etapas:

2.1. La traducción en la Antigüedad


Ésta comienza con las traducciones de idiomas como el arameo, hebreo o etíope a idiomas más modernos como el latín o el griego. De hecho, gran parte de los textos de la antigüedad que poseemos hoy en día no existen ya en su versión original y sólo las podemos encontrar traducidas al griego o latín.
La primera traducción transcendental y con valor literario que se llevó a cabo fue la de la Biblia. A pesar del prestigio de la cultura griega, ésta no llevo a cabo traducciones de los escritos religiosos procedentes de oriente. Culpa del sentimiento de autosuficiencia del pueblo griego. Es por eso que me gustaría centrarme en las traducciones hechas de la Biblia, pues han sido éstas las más importantes de las traducciones literarias hechas de todos los tiempos.
La naturaleza de la traducción de este libro difiere de una versión a otra; incluso esas diferencias son también visibles dentro de una traducción que se ha ido haciendo a lo largo del tiempo. Y tal y como ocurre en los tiempos modernos, algunos traductores de la antigüedad tradujeron con mayor fidelidad que otros. Como aquellos que insistieron en no traicionar a la fuente, haciendo traducciones «literales» que reprodujeran todas las características del texto original, incluyendo los Hebraísmos (calcos de expresiones propias del hebreo).
Por contraste, los traductores que no apostaron por la representación literal de la Biblia Hebrea incorporaron una infinidad de exégesis a todos los niveles. Los textos se tradujeron teniendo en cuenta el contexto en el que estaban situados y aparecieron los primeros traductores inusuales. Al mismo tiempo, los detalles que aparecían en estos textos se explicaban contextualmente en concordancia con tradiciones exegéticas conocidas y con la imaginación del traductor. De éste modo, se resolvían las dificultades producidas por la no equivalencia de expresiones de un idioma a otro y se evitaba tener que dar explicaciones en las situaciones en las que los traductores fieles tenían que darlas. Algunas traducciones contienen más elementos de explicación contextual que otros, y cuantos más elementos de este tipo posean, más libre será la traducción. Algunos traductores de la antigüedad utilizaban tal cantidad de exégesis contextual, que ya no se pueden encontrar las palabras del texto original en hebreo a partir de las traducciones hechas.
Y gracias a estos nuevos elementos de exégesis intertextual, la mayoría de las traducciones de la antigüedad son de gran importancia para la comprensión e interpretación de la Biblia. Hoy en día esas traducciones son objeto de estudio para todo tipo de estudiosos.
Una razón más relevante para considerar a las versiones antiguas importantes, es que están fechadas en un periodo en que los textos originales en hebreo ni si quiera estaban fijados. De ahí que algunas de las traducciones sean el reflejo del original pero difieran en mayor o menos medida en algunos detalles puntuales respecto al texto en hebreo (el llamado Texto Masorético). Mucho se sabe ahora sobre los textos hebreos a partir de los cuales se hicieron las versiones, especialmente por los manuscritos hebreos que se encontraron en Qumran (los «Manuscritos del Mar Muerto»), que se asemejan a las traducciones echas de «la Septuaginta» en muchos detalles. Por eso, los textos hebreos de los cuales se tradujeron las versiones antiguas pueden ser reconstruidos volviéndolos a traducir al hebreo, aunque difieran de la versión de la Biblia que poseemos hoy en día.
Como vemos, desde principios de la historia conocida, el papel de los traductores ha sido importante, y ya comenzaron éstos a darse cuenta de la importancia de traducir un texto dentro de una conjunto de oraciones al que denominamos texto. Sin embargo, la traducción sufriría cambios importantes en el futuro.

2.2. La traducción en la Edad Media


Las escuelas y técnicas de traducción en la Edad Media poseen gran relevancia en el marco de la literatura. La España de la Edad Media podía enorgullecerse de su superioridad cultural, técnica, científica y hasta religiosa con respecto a la Europa de entonces. El Papa Silvestre II, que dejó testimonio de su paso por España, con el nombre de monje Gerberto de Aurillac (945-1003), se interesó por la cultura hispanoárabe. Toledo, entre otras, era la ciudad que había abierto las puertas a todos y a la que iban llegando los estudiosos del Occidente cristiano en busca del saber desconocido. Más al sur, la región del Mediodía era la única nación europea donde florecían en alto grado todas las artes: literatura, filosofía, etc., fueron el tipo de la moda y centro del comercio intelectual. En el renacimiento filosófico, artístico, científico y literario del siglo XII y XIII, fueron los andaluces uno de los pueblos que más influyeron en Europa: filosofía, astronomía, medicina, cuentos, fábulas, etc.
Sólo podían rivalizar con España algunos países del orbe cristiano como Italia en aspectos específicos como el religioso y el que hoy nos ocupa, el tema de la traducción. Este desarrollo particular se ha visto justificado y propiciado por el antagonismo entre dos culturas distintas, la latino-cristiana y la arábigo-musulmana; y la competencia entre dos religiones, aunque espiritualmente parecidas, dogmáticamente distintas. Un antagonismo y una competencia que luego se convierten en una enemistad muy reiterada en los manuales de historia. Aún así las fronteras eran permeables entre los dos mundos. Sólo así puede explicarse la estrecha colaboración entre seguidores de las dos confesiones, a los que, desde el principio, se incorporaron fieles de la otra tercera religión monoteísta de la cuenca del mediterráneo: los judíos.
La traducción no es hermana sólo de la paz sino también de la guerra. En esto el papel de la Órdenes Militares era importante. Cada Orden disponía de sus traductores e intérpretes. Un ejército de mozárabes, hebreos y de musulmanes hechos esclavos aseguraba el oficio y abastecía a las Órdenes del imprescindible vehículo comunicativo con el Otro. Desde mediados del siglo X, en Huesca y Tarrazona, y luego en León, Pamplona, Segovia y Barcelona, empezaron los verdaderos trabajos de traducción con finalidad combativa. Cuando llegó el arzobispo D. Raimundo que dirigió la Iglesia de Toledo desde 1125 hasta 1152, alentó a los traductores con la finalidad de combatir el Islam en el plano de las ideas mandando traducir sus ideas, y convirtiendo así la traducción en una tarea generalizada.
La utilización de la traducción con finalidad combativa iba compaginada, también, con su uso para la formación y adquisición del saber. Así que después del foco de traducción que supuso bayt al-Hikma, la franja occidental del Mediterráneo retomó las riendas de esta labor para la reconversión del saber griego además de la transmisión de la aportación árabe al conocimiento universal. La misión de una historia de la traducción en este caso sería la recreación de la historia espiritual de Europa cuya cultura, nacida en gran parte de la traducción, representa uno de los contenidos que superan las lenguas individuales y su particularidad. El hecho como tal se hizo efectivo gracias a que las orillas del Mediterráneo dieran cobijo a muchos centros de traducción de los cuales los más destacados son:

2.2.1. La escuela de Amalfi


El nombre de esta escuela hace referencia a la misma localidad donde se ubicaba. Un lugar montañoso y de difícil acceso muy propicio al monacato. Está al Sur de Nápoles. Este lugar del siglo X al XII constituyó el centro comercial de Italia con los pueblos de Oriente, con privilegios sobre toda la península llegando a contar 70.000 habitantes. Disponía de muchas filiales en otros lugares.
De hecho, no era la rica Nápoles ni la suntuosa Venecia las que dominaron los intercambios intelectuales entre el Oriente griego y el occidente latino, sino Amalfi. En Jerusalén, donde Amalfi disponía de una filial y donde fundó la Orden de los Caballeros, no había griegos como poder establecido y cultura dominante. Además no sólo se volvía a retraducir las obras griegas del árabe sino que se tradujeron también obras de otras culturas, traducidas con anterioridad al árabe, y otras de pura creación árabe. Existían traducciones de obras originales árabes tanto en la península ibérica como en la itálica.
De las técnicas y de la organización de esta escuela se sabe poco. Se citan, muy a menudo, nombres de algunos traductores que han colaborado con ella. Se saben las relaciones que mantuvo con Jerusalén, Constantinopla y Egipto. No obstante carecemos de datos acerca de la misma escuela que, aunque adscrita a un monasterio, tendría algún tipo de organización propia. Se sabe además poco acerca de las técnicas de traducción empleadas aunque disponemos de algún que otro dato acerca de traductores criticados. El mismo Constantino está considerado como un traductor poco fiable; criticarlo era común.

2.2.2. La Escuela Raimundiana


La escuela de traductores de Toledo, aunque tuvo mucha influencia en la vida intelectual de la España medieval, parece no tener la merecida atención que debía tener por parte de los investigadores. Ejemplo claro de esta lamentable laguna en la investigación es que ni siquiera se la menciona en una enciclopedia como la Espasa Calpe, única en su tamaño. Un fenómeno algo extraño, sabiendo que un pensador español a la altura de Menéndez Pidal se lamentaba de que incluso las primeras noticias de la existencia de dicha escuela se dieron a conocer por un francés.
La Escuela de Traductores de Toledo, de Alfonso X el Sabio, es, en cierta medida, la continuación de la labor traductora patrocinada por el Arzobispo D. Raimundo. Éste fue asesorado por Domingo Gunsalvo y Juan Hispano, y la ocupación de esta fundación cubrió el periodo que va desde 1130 hasta 1187. Los motivos del asentamiento de la tarea de traducir en Toledo vienen motivados según Menéndez Pidal por las circunstancias del momento, que son varias.
El primero es la existencia y arraigo en Toledo de la tradición, que venía de la época árabe, de proteger, subvencionar y patrocinar la labor intelectual en general. El segundo es el contacto de D. Raimundo con extranjeros venidos de todas partes de la cristiandad en busca de la ciencia y los conocimientos toledanos. Ingleses, franceses, flamencos, italianos y algún sueco llegaron a Toledo, bajo dominio cristiano, haciendo patente esta necesidad de trasladar dichos conocimientos a otras partes. El tercer motivo es la confluencia de los factores imprescindibles para cualquier labor de traducción: la necesidad, la materia y el elemento humano. Los mozárabes, cristianos con la lengua árabe como lengua materna, podían leer las obras árabes e interpretarlas en romance, mientras otros clérigos se ocuparían de trasvasar lo oído, en romance, al latín.

2.2.3. La Escuela de traductores de Toledo


Esta escuela (o más bien escuelas) hizo que todo un rey fuera sabio. La denominación de rey sabio es inusitada en la historia. Sólo se le ha dado en muy pocos casos como éste por juntar este rey alrededor suyo, en una cultura todavía naciente, sabios de las tres culturas para la traducción del árabe al latín y al castellano continuando de este modo una empresa que ya apoyó el arzobispo Raimundo (1125-1152)
Sin embargo, la denominación Escuela de traductores de Toledo ha de tomarse en un sentido genérico más que en el sentido recto de una escuela que tenía albergados a traductores. El Rey Sabio vio la necesidad tanto científica como pragmática de trasvasar tanto al latín como al castellano la herencia cultural de la época. No fue Alfonso X el único promotor sino que la preocupación por la traducción en los reinos cristianos del Norte empezó ya desde el siglo XII.
La traducción no empieza con Alfonso X el Sabio sino que éste representa el último y quizá el más crucial eslabón de una cadena que había empezado muchísimo antes. Toledo era efectivamente el área común para la gran parte de la traducción que se hizo en la época. Por tanto, la investigación debe plantearse el descubrir los demás focos españoles de traducción en la Edad Media. El papel que desempeñó, por ejemplo, el monasterio de Santa María de Ripoll en la traducción queda todavía por esclarecer.
Alfonso X, que viajó por el Sur musulmán de la España de aquel entonces, tomo afecto a la cultura de sus vecinos y de los enemigos que todavía se resistían a ser vencidos. La historia nos describe un vaivén de poderes y de territorios entre el Norte y el Sur. De todos modos, Alfonso X se interesó por lo intelectual y por lo árabe. Incluso antes de esta época, segunda mitad del siglo X y primera mitad del siglo XI, estaba de moda entre los cristianos independientes de ambos lados de los Pirineos todo lo que lleva sello de la gran cultura hispanoárabe.

2.3. La Edad Moderna


En este apartado me fijaré, sobre todo, en las traducciones hechas en la época renacentista. En las últimas décadas ha habido un incremento en los estudios sobre la traducción en el Renacimiento. La gran atención que esta línea de investigación viene mereciendo se debe, entre otros factores, a la necesidad de llenar lagunas en la historia general de la traducción, pero también al reconocimiento de que la traducción renacentista constituye la base remota de teorías y prácticas traductoras de la actualidad. El campo es amplio y, no obstante, todavía poco cultivado. Las ramas principales de estos estudios son la historia y la historiografía de la traducción renacentista, el análisis de traducciones y la investigación sobre la teoría de la traducción.
En Europa Occidental, la reflexión sobre la práctica traductora empieza verdaderamente con los humanistas en el siglo XV y se desarrolla en el XVI. Desde la primera lectura de estos textos, el lector puede advertir posiciones teóricas insospechadas por su modernidad y vigencia actuales, puede reconocer en otros planteamientos la base de distintas líneas de la traductología contemporánea, y puede vislumbrar entre aquellas reflexiones un fuerte hilo de unión. Sin embargo, la marcada historicidad de estos discursos, tan llamativa en su estilización como en su forma de racionalización, los hace muy distintos del patrón hodierno con sus característicos rasgos académicos, a que estamos acostumbrados.
Pero mucho más que deleitar con sus diferencias ideológicas, aquellas reflexiones brindan al lector interesado conocimientos socioculturales de cómo el Occidente se posicionó en determinado momento histórico frente a problemas lingüísticos y políticos cuando hubo necesidad de interacción entre poéticas y culturas. Aquellos escritos antiguos guardan al mundo que los creó, y cual esfinge esperan que se les descifre, suscitando desde el principio en el lector-investigador de la traducción cuestiones sobre su cosmovisión, su forma de pensar, su concepción del lenguaje, de la escritura, de la traducción.
Considerando la inseparable relación de una teoría lingüística, como la de la traducción, con una concepción del lenguaje, o sea, que toda práctica lingüística refleja una específica concepción del lenguaje, no puede negarse que en todos los tiempos la práctica de la traducción participa del lado concreto de una concepción de traducción, una teoría, casi siempre inconsciente, de la traducción. Hablar de una teoría de la traducción en el Renacimiento es, pues, suponer como principio alguna unidad de pensamiento y actuación en una práctica lingüística en un período histórico relativamente delimitado. Esta unidad puede ser percibida sobre todo en la teoría del lenguaje común a la Europa Occidental de la época, que se refleja en la estética literaria y por tanto en la traducción producida.
La nueva estética literaria del Renacimiento, también llamada neoclasicismo, significó una revolución en el gusto literario del Medioevo tardío. Siendo la retórica la teoría del lenguaje subyacente en los textos que constituyen las fuentes primarias elegidas, la lectura de estos textos debe señalar, en tanto que literatura, cuánto y cómo están construidos según las leyes retóricas, y en tanto que teoría de la traducción, hasta qué punto la concepción y la preceptiva de la traducción se fundamentan en la retórica y son su expresión.

2.4. Siglo XX


A la hora de describir la historia de la traducción literaria en España durante el siglo XX, el primer problema que se nos plantea es el de la pertinencia de dicha división de períodos.
Partimos del convencimiento de que los periodos con los que se ordena la literatura receptora son los que han de servir para organizar la literatura traducida, y es dentro de esos periodos donde tendremos que decidir la funcionalidad de las obras traducidas. En ese sentido estamos de acuerdo con que las traducciones, además de estar condicionadas por las poéticas de cada periodo, conforman un conjunto descriptible con normas, cánones y evoluciones particulares.
La selección de obras, la presentación, las colecciones de libros, las antologías, las revistas, las reediciones o los modelos textuales a las que se adecuan las traducciones revelan las corrientes y las luchas literarias de un período. Es cierto que en aquellas décadas la poesía y las diversas poéticas determinaban en gran medida la ficción, el teatro y el pensamiento. También hay que ser consciente del eclecticismo seguido en cuanto a los criterios de ordenación y desarrollo de los contenidos.
Es un periodo riquísimo y la riqueza no es privativa de la literatura nacional, es igualmente apreciable en la recepción y traducción de las literaturas universales. En estas décadas se eleva de tal forma la calidad de las traducciones que algunas de ellas siguen siendo hoy reeditadas en colecciones de muy diversa índole.
El traductor es un escritor que busca fuera de sí mismo la forma más adecuada a la experiencia que quiere expresar. En el renovado acto de rellenar una forma previamente existente en otra lengua se produce, necesariamente, un acto de interpretación. Desde ese momento la traducción, el ensayo, la crítica y la obra original se convierten en actividades complementarias en la literatura moderna. La literatura moderna ensancha la tradición y lo hace no sólo al dilatar el pasado y mejorar el conocimiento del mismo gracias a la filología.
Una nueva manera de entender las duraciones históricas incorpora el pasado al presente. El poeta moderno trata el pasado como lo hacen ahora los filósofos de la ciencia, es decir, como un caso especial de presente. El historiador de la literatura debe estar atento a los complejos modelos de temporalidad que de esa convicción puedan deducirse.
La traducción se convierte en instrumento de actualización de las tradiciones remotas e inmediatas y en canal de diálogo entre los movimientos artísticos nacionales. A partir de la segunda década del siglo se intenta renovar el canon nacional e internacional, momento en el que las traducciones desempeñan un importante papel en la formación crítica y estética de las élites culturales.
La cultura española del fin de siglo se abre sin juicios previos al conocimiento de las literaturas extranjeras y son pocas las cosas que quedan sin verter al castellano. Se inicia entonces un proceso cultural caracterizado por su sintonía con las corrientes artísticas e intelectuales europeas que culmina en 1931, año que señala el momento de mayor auge de traducciones gracias a la desaparición de las trabas de la censura, y se cierra en 1936.
La traducción literaria, que había tomado un gran impulso cualitativo entre los hombres de las llamadas generación del 14 y del 27, se encuentra de repente parada en seco. A la vuelta de los años la cultura española tendrá que reencontrarse con la tradición liberal, la misma que definió la formación de las élites españolas en las tres primeras décadas del siglo XX, esa tradición que concibe la traducción como una manifestación de la comunicación humana y del entendimiento entre culturas nacionales, lo que quiere decir, en palabras de un pensador contemporáneo, que "lo que nos decimos unos a otros no se pierde por completo en la traducción".
En las primeras décadas del siglo XX conviven varios estratos temporales que pueden sintetizarse en la contemporaneidad de, al menos, tres de las "generaciones" tradicionalmente admitidas por los historiadores de la literatura española: la del 98, la del 14 y la del 27. Los intereses estéticos e ideológicos que pueden definirse a través de las traducciones realizadas por los componentes de cada una de ellas son muy diferentes. Formados en el rechazo del realismo y en la estela estética del modernismo, todos ellos se encargan de continuar un canon simbolista de la literatura a la hora de introducir las vanguardias europeas en el sistema literario español.
El pensamiento de Ortega y la poética de Juan Ramón Jiménez son los que dominan en este tiempo.
Con el paso de los años, hasta la Guerra Civil, muchos escritores, además, continuaron responsabilizándose de la tarea de traducir, ya que no existía el traductor profesional, y dada la importancia que se confería a esta actividad, ésta parecía reservada a las élites intelectuales más preparadas y reconocidas.
Hasta entonces, ya habían aparecido cerca de un millar de traducciones. La situación dio un giro fatal en 1939 con la victoria franquista y la larga dictadura. La prohibición de editar traducciones en lengua catalana, por ejemplo, fue rigurosa en la década de los cuarenta y los cincuenta. La aparición de Edicions 62, en 1962, significó un revulsivo para la publicación de libros traducidos, que todavía iban firmados por escritores relevantes como M. Aurèlia Capmany o Joan Oliver.
Como si de la ley del péndulo se tratara, después de la frenada de la década de los setenta, en los ochenta la edición de traducciones experimentó un nuevo avivamiento, naciendo varias colecciones de diversos ámbitos. Con pequeñas oscilaciones, estos últimos lustres la práctica de la traducción se ha profesionalizado, resguardada por una estabilización del mercado editorial y, probablemente, por la existencia de varios centros universitarios (cada vez más afortunadamente) donde se enseña la traducción.

3. Teorías sobre la traducción literaria



Ayala (1965) opina que el traductor debe tener un don de la palabra escrita. El traductor tiene que saber escribir, profundizar en el escritor, saber el idioma del que traduce y el idioma meta y traducir el mensaje y el sentido. Debe conducir al lector hacia el original traducido, manteniendo los aspectos culturales. Opta por la traducción libre, ya que la transmisión del mensaje es lo principal.
Los temas que da Newmark (2002) son muy útiles para los traductores. Parte de la idea de que no hay que traducir palabra por palabra ya que puede tener un resultado extraño en la LM. Hay que ver más allá de la palabra, al nivel de la frase y del libro como conjunto. También dice que las palabras son elegidas cuidadosamente, y que hay que respetar el estilo del escritor. El traductor debe prestar atención tanto a la cultura de la obra original como a las normas estilísticas de dicha obra, el estilo del autor, la traducción de dialectos, y las normas del texto original, entre otras cosas.
Unos de los lingüistas más importantes y que más han ayudado en el desarrollo de una teoría de la traducción, son Ayala (1965) y Newmark (2002). Opinan que el traductor debe fijarse en la estructura y saber escribir una novela. Según ellos, la traducción literaria es tanto arte como artesanía. Los textos entre sí pueden diferir en dificultad y parece bastante útil para el traductor darse cuenta de esto. Traducir Archer no es lo mismo que Calvino y si uno se encarga de la traducción del último, debe preguntarse si es apto para la tarea.
Merlini Barbaresi (2002) también aporta algunas ideas interesantes. Mediante un ejemplo demuestra que es muy importante ver las palabras y las frases como una parte del conjunto, y que no hay que desviarse mucho de la estructura del original. Ella opina que cuando en la obra original prevalece la estandardización, también tiene que producirse este efecto en la traducción. Asimismo, cuando domina la polifonía, también se debe presentar en la traducción.
En la teoría de Bassnett (1991) aparecen algunas ideas que ya han sido mencionadas, pero ella relaciona la traducción literaria con la traducción de poesía. La traducción de prosa no es más fácil que la traducción de poesía, porque con ambas hay que prestar atención tanto a la estructura y las características estilísticas del autor original como a la obra como conjunto. También se adhiere a la idea de que la palabra y la frase forman parte del conjunto y que no hay que traducir palabra por palabra. Entre los temas que presenta para indicar cuáles son los aspectos que el traductor tiene que tener en mente aparece el de las expresiones idiomáticas, que puede ser de interés para la traducción de proverbios, a lo cual dedicaré más atención más adelante. Dice que las expresiones idiomáticas no siempre se dejan traducir literalmente, porque puede sonar raro o extraño. La cita de Adams en el libro de Bassnett (1991), con la cual señala que el traductor debe mantener ciertos aspectos culturales en el texto meta (lugar, comida, entre otras cosas) y que no puede modificar sin más el lugar, las costumbres y los nombres que aparecen en el libro, dice acertadamente cómo debe ser la postura de un traductor a la hora de traducir una obra literaria proveniente de otra cultura.
Concluyendo se puede decir que las teorías mencionadas tienen cada una su punto de perspectiva. Algunas ideas se repiten por ser importantes, por ejemplo la de evitar la traducción palabra por palabra e intentar ver las palabras y frases como parte del conjunto. Otras difieren de otras teorías, por ejemplo el grado de dificultad de ciertos textos y por consiguiente el grado de dificultad de la traducción. Sin embargo, aunque todas son útiles para los traductores, los que me servirán a la hora de traducir los fragmentos de Al morir don Quijote provienen de las teorías de Newmark (2002) y Bassnett (1991). Son las siguientes:
- prestar atención a las convenciones estilísticas del texto original y el estilo del autor (Newmark 2002).
- el traductor tiene que ser consciente del hecho de que las expresiones idiomáticas no siempre se dejan traducir literalmente porque el carácter de la LM a lo mejor no lo permite (Bassnett 1991).

4. Problemas de la traducción literaria



El problema que se puede dar al traducir poemas de un idioma a otro es que las palabras en el idioma a traducir no siempre se acoplan a la estructura del texto original, he ahí que muchas versiones en español de poemas en inglés tengan un contexto a veces absolutamente distinto al original.
Otro posible problema sería el de la imposibilidad que puede tener el traductor a la hora de mantener el significado real de las imágenes retóricas y la belleza del poema cuando trata de hacer equivalencia de las metáforas o las rimas sin perder el sentido original. Esto es una de las cosas más complejas a la hora de hacer una traducción lírica de un poema o de prosa poética. Por eso, muchas letras de poemas no se traducen tal cual, sino que hay que hacerles algunas modificaciones para acoplarlas a la estructura original y a veces pierden el sentido de la primera versión.
Además, la época en la que fue escrito el texto original puede ser un factor muy problemático, ya que el contexto histórico y cultural diferencia a cada texto del resto de ellos.
Por otro lado, el registro y modo de utilizar el idioma varía considerablemente de los textos literarios a los textos científico-técnicos. A continuación se explicarán esas diferencias más detalladamente.

4.1. Diferencias entre el lenguaje literario y científico


La claridad y la precisión analíticas acompañan un buen texto técnico, mientras que una obra literaria pretende, en general, ofrecernos un sentimiento de completitud de la experiencia retratada. Una obra literaria es compleja, no tiene una finalidad específica, sino que tiende hacia el cierre. Mientras que un trabajo científico es teleológico y tiende por su propia naturaleza hacia la conclusión reflejando la idea de que la propia ciencia tiende hacia un avance progresivo, hacia un fin.
Existe un grado de explicitud que identifica y separa cualitativamente los dos tipos de lenguaje: en el trabajo literario muchas afirmaciones se encuentran implícitas aunque aparentemente apenas se afirme; mientras que en el trabajo científico debido a su finalidad definida, no se pueden admitir afirmaciones implícitas, apenas las que se explicitan.
Otro aspecto distintivo es el uso de metáforas o de similitudes: en literatura artística encontramos metáforas mientras que en la literatura técnica cuando se usan se prefiere un tipo de comparación más explícita entre dos fenómenos (comúnmente llamado similitud). De cualquier forma, si se usa una metáfora en un texto científico deberá explicarse y fundamentarse para llegar a una conclusión y a algún tipo de afirmación explícita que nos pruebe o no la pertinencia de esa comparación inicial.
El lenguaje técnico nos lleva de las premisas a las conclusiones, y debe venir acompañado necesariamente de una claridad explicativa que alejen cualquier tipo de duda o ambigüedad en relación a lo que se afirma con él.
Mientras que el lenguaje literario nos ofrece una descripción de fenómenos tenues y simultáneos, es un lenguaje sutil y sugestivo, donde la máxima puede ser descrita con el lema de escribir cuatro frases en una, con el uso de imágenes que sinteticen ideas dispares, las metáforas, como uno de sus principales recursos estilísticos.
En líneas generales y desde nuestra experiencia profesional, podemos decir que los principales problemas en la traducción de un texto literario se encuentran justamente en esta cualidad polisémica de las palabras que mencionamos y en la posibilidad de re-creación o de trasgresión del canon literario que un buen escritor siempre busca. Un ejemplo claro es la traducción de un autor como Yeats.
En el caso de la poesía es particularmente notable la dificultad y el desafío que toda traducción supone, debido a su naturaleza formal. Cuestiones relativas a la rima, la métrica y el ritmo inherentes y esenciales al estilo poético, cualquiera que éste sea y en cualquier tradición en que se encuentre inserido, deberán considerarse, ya sea para verter fielmente su composición ya sea para subvertirla. Debido a la imposibilidad de transferir completamente todos los aspectos que un poema contiene, inevitablemente, entramos en un proceso de negociación con el texto original.
Consideramos que lo importante en todos estos casos es que exista una consciencia clara sobre la necesidad de que se establezca ese proceso de negociación y que esa misma consciencia abarque las opciones escogidas y las implicaciones de esas opciones. De esta forma el texto traducido estará ofreciéndole al lector una coherencia y un sentido que de otra forma no tendrían.
Por otro lado, un texto técnico no ofrece otro tipo de problemas, pues su lenguaje evita cualquier ambigüedad y opta por un uso estandarizado del la lengua. La llegada de programas de Traducción Asistida por Ordenador ha acentuado ese trazo estilístico de un uso estandarizado de la lengua en el lenguaje científico.
Los problemas inherentes al lenguaje científico se limitan casi exclusivamente a la creación de glosarios estandarizados. Puesto que, si bien los aspectos semánticos no nos ofrecen la misma dificultad, sí se requiere, además de un buen conocimiento específico de las lenguas fuente y término, una preocupación con la elaboración de glosarios de las áreas sobre las cuales se trabaja. Todos los programas tienden actualmente a facilitar y a permitir una optimización del tiempo empleado para la recolección de terminología asociada a los documentos traducidos.

5. La traducción literaria desde dentro



Este apartado lo hemos querido enfocar más en un sentido práctico que teórico. Es decir, queríamos plantear y exponer algunas de nuestras dudas sobre la traducción literaria (ya que uno de nosotros tiene como objetivo dedicarse profesionalmente a la traducción literaria).

5.1. ¿Quienes traducirán la literatura en el siglo XXI?


El actual proceso de asimilación de las más importantes casas editoriales por poderosos grupos económicos transnacionales que controlan cada día más la producción y el mercado del entretenimiento y la información (cine, televisión, video, edición de libros, periódicos y revistas, agencias de turismo, publicidad y noticiosas), por estar hoy éste entre los sectores más lucrativos en los países desarrollados -y que permiten la manipulación del gusto y la opinión pública para orientarlos hacia el consumo de la llamada cultura de masas que se enmarca en las políticas de la globalización que caracterizan al mundo contemporáneo-, plantea nuevos peligros y dificultades a la traducción de las obras literarias representativas de lo mejor de las culturas nacionales.
En un mundo donde el estímulo del consumo para obtener mayores y rápidas ganancias es la divisa por excelencia, y que está cada vez más inmerso en el desarrollo de la tecnología, ésta se pone en primer lugar en función del lucro y la cosificación del hombre. Por ello resulta evidente que esos peligros que acechan al arte/ciencia de la traducción están latentes.
¿Permitirá el empleo de las técnicas más recientes remplazar al binomio traductor/revisor en el ámbito de traducción literaria? Por muy inteligente que puedan llegar a ser las máquinas, éstas no podrán apreciar «la situación», la intencionalidad, los recursos estilísticos, en suma, los factores metalingüísticos, que se suman «al léxico, la sintaxis oracional y la gramática extraoracional» para conformar la obra creada, compuesta de factores objetivos y subjetivos que la hacen un producto sui generis, irrepetible. Las máquinas podrán facilitar y agilizar el trabajo, la operatoria y la comparación. Los programas para hipertexto, permitirán mejores ediciones críticas, y evitar errores formales medios o menores. Pero la traducción literaria continuará siendo un ejercicio a cuatro manos, cualesquiera que sean los soportes.

5.2. ¿Son lo mismo la traducción literaria y la traducción de libros?


No, aunque a veces se interpreten como sinónimos. El libro no es más que uno de los soportes que sirven para cualquier tipo de traducción. La traducción literaria se refiere a la de aquellas obras o textos que, generalmente, sirven en su lengua original para crear o reflejar una experiencia estética o artística, en lugar de estrictamente recoger y transmitir información o conocimientos, ya que esto sería un ámbito propio de la traducción técnica. La traducción de una novela sería un ejemplo de traducción literaria, como podremos comprobar en puntos posteriores en un análisis de una de ellas, mientras que la de un estudio o ensayo sería una traducción técnica, por lo que estaríamos hablando de un ámbito diferente.


6. Estudio de un caso concreto



En este apartado nosotros mismos haremos la traducción desde un texto origen que está escrito en inglés, tomado de un libro de Agatha Cristie titulado Curtain: Poirot’s Last Case «A. Christie, Curtain: Poirot’s Last Case. (Glasgow, 1976) pag. 5». Partiendo del escrito de la virtuosa escritora inglesa, explicaremos los problemas que se nos van presentando a medida que hacemos la traducción.

«Chapter One
Who is there who has not felt a sudden startled pang at reliving an old experience, or feeling an old emotion?
'I have done this before...'
Why do those words always move one so profoundly?
That was the question I asked myself as I sat in the train watching the flat Essex landscape outside.
How long ago was it that I had taken this selfsame journey? Had felt (ridiculously) that the best of life was over for me! Wounded in that war that for me would always be the war – the war that was wiped out now by a second and a more desperate war.»

Traducción:
«Capítulo Uno
¿Quién puede decir (la traducción literal de «Who is there...» a «Quien hay ahí que...» quedaría muy forzada, por lo tanto hemos tenido que adaptar una estructura hendida del inglés usando una con un significado equivalente del castellano) que no haya experimentado un repentino retorcijón (hemos tenido que eliminar «startled» que literalmente significa «asustado, sorprendido, sobresaltado» porque en castellano esos son adjetivos que se asocian más al estado de una persona y no ha la descripción de un retorcijón, y además la frase quedaría sobreadjetivada) al revivir una experiencia del pasado (usar «antiguo» no quedaría muy propio del castellano a la hora de describir «experiencia»), o rememorando (no es muy común «sentir» una emoción) una antigua emoción?
«He hecho esto antes…»
¿Porqué esas palabras conmueven siempre a uno tan profundamente?
Esa es la pregunta que me hice (repetir «preguntar» sonaría muy redundante, así que lo hemos sustituido por la estructura «hacer una pregunta») a mi mismo («mismo» en masculino porque son los pensamientos de Hercule Poirot, un hombre) mientras estaba sentado en el tren viendo el paisaje de Essex, tan llano como siempre (aquí hemos tenido que tomar una decisión bastante drástica pues «the flat Essex landscape» quedaría literalmente traducido por «el paisaje del llano Essex», y ya que en un contexto de hispanohablantes son muy pocos los que conocen esa particular característica del condado de Essex en Inglaterra, la traducción literal no es suficiente. Por el contrario, tampoco he querido traducirlo como «el llano paisaje de Essex», pues no es ese paisaje en particular el que es llano, sino el condado entero). (También he decidido quitar «outside» por lo obvio que es que un paisaje se encuentre fuera del tren).
¿Cuánto hace desde que hice este mismo viaje? («¿Hace cuanto fue que hice este mismísimo viaje?» quedaría muy forzado y hemos preferido traducirlo así. De hecho, la descartada fue la primera propuesta) ¡Sentí (aunque fuera ridículo (mejor así que «ridículamente»)) que se me había acabado lo mejor de la vida! Herido en esa guerra que para mí sería siempre la guerra – la guerra que ya (preferimos poner «la guerra que ya había sido erradicada» a «la guerra que había sido erradicada ahora», pues en español «ahora» tiene un sentido mucho más literal del que tiene en inglés. Es decir, en español significaría que la guerra había sido erradicada en ese mismo instante) había sido erradicada (hemos tenido serias dudas a la hora de traducir «wiped out», ya que, después de leer las definiciones de diferentes diccionarios, no hemos quedado convencidos con que una guerra fuera «hecha polvo», «borrada», «aspirada» etc. A nuestros ojos, esa es la traducción más fidedigna) después de un segundo y algo más de desesperada lucha.»